Aprender a Pensar

Repensar la Educación

David Antonio Yañez Baptista

UCM Madrid

Nuestra vida como órgano de dar razón

El realismo subraya la porción de cosas que hay en mi vida. El idealismo atiende al yo, que también está en mi vida. Con la filosofía de Heidegger, Ortega y la Escuela de Madrid, comenzó la tercera navegación de la filosofía, que no se basa en los componentes de su edificio, sino en los cimientos del mismo. Mi vida, la de cada cual, es la realidad radical. En ella, me encuentro con las cosas, con Dios, y conmigo mismo: mi cuerpo y mi psique. Nada entiendo sino es en mi vida, en la cual encontramos todas las demás realidades, y lo que muy importante, otras vidas humanas. Nuestra vida se ajusta a una circunstancia , que nos es grata o dificulta nuestros proyectos.Estamos dotados de una corporeidad que nos hace presentes en el mundo, vivimos en una época determinada y en un lugar concreto. Y en esa circunstancia nos desenvolvemos, vivimos, nos proyectamos hacia el futuro; porque la vida es,fundamentalmente, proyecto, vocación. Decía Ortega que la vida es misión.

Pero muchas veces no está clara la vocación. El hombre desconoce su papel en el mundo.Puede que la circunstancia lo oprima demasiado. Así también existen etapas de nuestra vida en la que nos sentimos intensa y perdidamente naúfragos: jóvenes que buscan quiénes son  y ancianos que sienten que no han vivido de verdad.

Ortega nos enseña que la vida es elección en todo momento. Para entender las parcelas de la realidad éstas han de estar referidas a nuestra vida, y desde ella las dotamos de sentido. En todo momento  decidimos   lo que vamos a  ser , somos futurizos. Y como la vida es temporalidad, las elecciones requieren rapidez. La vida es prisa, Si no fuéramos temporales tendríamos tiempo de sobra para rectificar, pero nuestra mortalidad  dota la vida humana de un angustioso dramatismo.

Somos un nada luchando por ser, somos naúfragos, y hay momentos en los que sentimos esto mucho más intensamente.Por ello buscamos el ser de las cosas, no por curiosidad natural como creía Aristóteles. El hombre necesita el ser de las cosas como bote salvavidas en un naufragio. Saber lo que son las cosas nos da seguridad. Saber es saber a qué atenerse. El hombre quiere develar el ser de las cosas , su verdad, alétheia, y entonces siente seguridad en su vida, donde arraiga todo lo demás. Entonces el ser de una cosa, como dice Ortega , no es sino su razón vital.

Vivir es no tener más remedio que razonar ante la inexorable circunstancia.



escrito el 8 de octubre de 2010 por en General


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